¡Hola Venezuela!. Siento que te conozco porque yo soy parte de tus entrañas. No es posible no preocuparme por ti; no es posible no buscar mecanismos para ocuparme en buscar ayuda. Tú eres todos y cada uno de los seres que te conformamos; tú eres la conciencia, despierta o dormida, de todo individuo que te conforme. Siendo tú una esencia de polipensamientos (como tantas otras esencias) hoy quiero hablar contigo.
¡¡Venezuela!!, ¡respóndeme, por favor! ¿cuándo te quedaste dormida?. No, perdona, mejor no te pregunto eso; yo mismo daré la respuesta: es que tú nunca has estado despierta; es que tú sólo has tenido uno que otro chispazo de efímeros despertares.
Venezuela, me siento dolorido, porque en mis manos no está algo poder hacer; yo no tengo la posibilidad de purificar tanto tentáculo de pensamiento que tu posees. Eres como otra mujer desgraciada, tal como tus hermanas vecinas, también como muchas otras aunque estén lejos de ti. ¡Ay Venezuela!, tan dormida estás que ya estás teniendo pesadillas que amenazan volverse aterradoras: te estás matando tú misma; te hieres y te odias tú a ti misma; ¡ay Venezuela!, estás al borde de una transformación barbárica de la profunda pesadilla por tu prolongado dormir y dormir. ¡Ay Venezuela, cuánta ignorancia te arropa y no te deja despertar!.
Intentaré, desde la fortaleza de mi debilidad, ayudar a impedir que sigas muriendo; intentaré ayudar para que conozcas el amor, la conciencia, la convivencia y los valores cuya aplicación ignoras; intentaré mostrarte que tú nunca podrás ser una nación mientras destaques sólo a uno o a unos pocos por encima del resto, porque simplemente te construyes un monstruoso aparato autodebilitador; intentaré mostrarte que la injusticia no existe, que la justicia es positiva o negativa porque en sí misma es efecto y no causa; intentaré abrirte los ojos y ponerte mi hombro, pero acuérdate de mi debilidad, ábreme posibilidades para que muchos más como yo pongan sus hombros también; intentaré sembrar, en tus tierras de moral y honor, semillas de conocimientos y amor propio de mediatos e inmediatos frutos invulnerables; intentaré vivir mucho, para que me alcance tan corto tiempo que tal vez me queda en este viaje.
Gracias Venezuela, por cederme tu entraña cuando salí de la de mi madre, tú me diste albergue desde mi nacimiento y fuiste el regocijo de mis ojos desde mis primeras miradas. Hoy sufro viendo cómo, tambaleante y jadeante, parecieras caer desfallecida como para no levantarte jamás. Al Todopoderoso ruego que se acuerde de ti, su tierra bendita, otra de sus tierras, y te conceda la dicha de salir de las garras del mal. ¡Dios te bendiga Venezuela!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sé cortez, en el aporte de tus comentarios; haz de tus palabras un nutriente universal. Gracias.